domingo, 23 de noviembre de 2014

¿Por qué me gusta Eric Rohmer?



 Este verano me disponía a acometer un importante ciclo de películas de Ingmar Bergman. Pero antes pensé que era buena idea ver Pauline en la playa, puesto que llevaba años con esa intención, y así de paso adentrarme un poco en los directores de la llamada Nouvelle vague. Me picaba la curiosidad aunque lo que había escuchado sobre ellos no me inducía al optimismo. Pero vi Pauline, claro que si.
 
Sucedió que, a la mañana siguiente, me levanté imbuido de recuerdos de la película. Me era muy complicado dejar de pensar en ella y pensé que era alguna forma de amor. Sin embargo, me atormentaba una pregunta. ¿Por qué me había gustado esa película, si no tenía, o no advertía yo, que tuviera que ver con lo que hasta ahora me había gustado en una película? Quizá, pensé, la respuesta estaba en la novedad, el cambio abrupto. Pero no, ahí tampoco encontré la respuesta. Ante la duda, decidí adentrarme en la investigación y ver otra película mas, a ver qué me parecía.

Fue La rodilla de Clara la siguiente de la lista. Que, dicho sea de paso, me parece una cosa rarísima y sin sentido que Clara sea el único nombre que se traduce, como si no quedara bien La rodilla de Claire. Sea como fuere la vi, y también me gustó, y mucho, aunque seguía sin entender (incluso ahora menos que antes) por qué me gustaban esas películas de Eric Rohmer.


Salvo un intermedio para ver ambas partes de Hot shots y Top secret, he dedicado todo el verano a ver películas de Rohmer, todas las que he podido, y he segudio haciéndolo. Escribo esto no para contar por qué me gusta el cine de Eric Rohmer. Ni siquiera para contar que me gusta. Mas bien para intentar descubrir mientras escribo por qué me gusta.

Incluso opté por documentarme, y compré un libro, fantástico, de la editorial Cátedra, escrito por Carlos F. Heredero y Antonio Santamaría. Es una fantástica lectura, muy ilustrativa sobre muchas cosas, pero no sobre lo que conforma el gusto de una persona. Descubro que Rohmer (no es su verdadero nombre, y aún no sé si acentuarlo de la manera francesa o inglesa, lo he oído de ambas formas) era un hombre culto, profesor de literatura (y especialista en Cervantes) muy celoso de su intimidad y muy dado a mentir sobre su propia vida para proteger su anonimato.

Descubro una interesante obsesión por un cierto naturalismo en su cine (hasta el extremo de que una de sus grandes decepciones como director fue no grabar un rayo verde auténtico), descubro una interesante obsesión por un cine veraz y un método tremendamente meditado, pese a que en apariencia resulta casual e incluso aleatorio, hasta el extremo de crear la sensación de que no sería posible ver dos tomas con alguna similitud entre ambas salvo casualidades. Pero no voy a hablar de esto, porque para eso está el libro, que además, lo explicará bastante mejor que yo.


Hablaré de cosas mucho menos interesantes. Soy consciente de que mis impresiones personales lo son. Pero lo que quiero transmitir no es, realmente, mi impresión subjetiva, sino, a través de ella, la complejidad que entraña un cine como el de Rohmer, hasta el punto de ser capaz de crear una certeza (como lo es el que me gustan sus películas), pero que requiera un ejercicio tan introspectivo descubrir por qué.

Es, en apariencia, un cine tosco. Si lo comparamos, por ejemplo, con el barroquismo de un Ciudadano Kane, Rohmer resulta casi un vídeo casero. Pero termina cautivándote esa falta de artificio, que se extiende también a otros aspectos. La elección de los colores de la ropa, de los escenarios, termina quedándose en la memoria, pese a que (al menos es mi caso) no eras consciente de que llegaran a tener tanta relevancia en lo que estabas viendo. Eppur se muove. Si cuento La Rodilla de Clara entre las películas de Rohmer que más me han impactado, por momentos podría rememorarla como si sus fotogramas fueran simples combinaciones de colores, sin que estos tuvieran, necesariamente, forma definida.
 
En un primero momento tuve una impresión engañosa al respecto de sus personajes. Pareciera que sus personalidades se basaban en exceso en aquellas características que formaban parte de la trama de la película. Sin embargo… Después de varias películas te das cuenta de que les has visto comprar ropa, eligiendo y desechando, o incluso adquiriendo ropajes que no eran de su gusto por una razón (como le pasaba al protagonista de El amor después del mediodía) o de sus preferencias a la hora de encontrar un sitio donde vivir (cosa que sucede desde en Las noches de la luna llena hasta en El árbol, el alcalde y la mediateca). Es decir, que de manera inconsciente, sabemos muchas cosas sobre esos personajes, no necesariamente porque ellos nos las cuenten, sino porque les vemos hacerlas. Quizá esa distancia a la que pone Rohmer a sus personajes (caso curioso, porque en cada uno de los Seis cuentos morales hay un narrador en primera persona, por ejemplo) hace que los veamos en cierto modo como seres ajenos.

Y sucede quizá todo lo contrario, porque al final, después de mucho experimentar a Rohmer, sospecho que lo que me gusta de su cine es, precisamente, que se puede sentir como próximo, que es un cine que habla sobre las personas en un lenguaje más próximo a las relaciones sociales que, quizá, al lenguaje cinematográfico mas hollywoodiense. No quiero destripar ninguna película pero… Viendo La mujer del aviador, en cierto modo, intuyes qué va a pasar porque mientras está pasando, sin que nada realmente lo haga presagiar así, sientes que estás viendo una historia de amor realmente encantadora. Quizá hasta una cierta proximidad temporal o hasta geográfica, uno se encuentra con que de niño llevabas a la playa un bolso idéntico al que usaba Pascale Ogier, y que esos mismos veranos fueron una transición de la magia de la infancia a la edad adulta casi como sucede en Cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle.


Luego de una (espero no muy larga) disertación, encuentro que lo mas definitivo de Rohmer es que, si, en efecto, su cine te habla de las personas, de cómo somos aun cuando creemos que somos de otra forma. Habla de las personas y por eso resulta tan cercano, aunque seas de otro país, de otra época. Y sobre todo, habla de las personas en un entorno que nos resulta próximo, no como el que estudia las hormigas en un terrario o cobayas en una jaula. Es la extraña libertad en la que se mueven los personajes de Rohmer la que te hace verlos como personas, y en cierto modo, aun con su distancia, sus miedos, sus recelos hacia ti como espectador, sientes a esas personas.


Creo que es por eso que me gusta el cine de Eric Rohmer.

viernes, 17 de enero de 2014

Al respecto de HORROR VACUI


Procedo finalmente a escribir unas líneas a este respecto, después de haber desechado (afortunadamente) la idea de hacer un diario de rodaje y otras tantas absurdas ocurrencias que fui teniendo a lo largo del tiempo.




Horror Vacui fue un proyecto que se nos ocurrió a un compañero del IES Arca Real y a mí, allá por finales del siglo pasado, que fue el siglo XX. Era eso o montar una banda de rock (cosa que también hicimos ese mismo curso), pero por aquellos entonces no se había demostrado nuestra inutilidad como cineastas y si como músicos, así que, comenzado el ya de por si laborioso último curso del instituto, nos pusimos a ello.

Y pese a estar en ese siempre complicado PREU, mucha gente se sumó pronto al proyecto. Buena noticia al principio y dura prueba finalmente, porque desarrollar tantos personajes (creados muy ad hoc para actores con poco o ningún bagaje) en un guión breve era bastante complicado. Finalmente, como el dinero fácil que fácil viene y fácil se va, la gente se fue desvinculando del proyecto y quedó sólo un guión con muchos personajes que con el tiempo (y por fortuna) se acabó convirtiendo en un borrador. Pero luego montamos una banda de rock, que tardaría un poco más en irse a garete.

Pero eso es otra historia, que también tenía su película. Durante años el guión permaneció eterno e inmutable como todo lo concerniente al mundo de las ideas de Platón. Hasta 2004, que decidí darle una mano de pintura y, para mi desgracia, me di cuenta de que necesitaba no ya pintura, si no que tenía aluminosis como el Vicente Calderón cuando fueron allí a tocar los Rolling Stones. Pero para rodarlo seguía teniendo grandes problemas de logística y sobre todo, técnicos.

Cabe destacar el momento en el que conocí a Alex Hernández, encuentro tras el cual él pasó a ser conocido como Alex Mineralex y yo pasé a ser conocido por él. Nos encontramos en un rodaje en el salón de su casa y este encuentro provocó dos cosas. La primera, que me concediera el honor de colaborar con él de vez en cuando y en tareas variadas, y el acceso a una serie de nuevas tecnologías cuya existencia desconocía. Esto provocó que volviera a mi cabeza la idea de poner en marcha Horror Vacui.

Aún habría de esperar un tiempo. Y es que, mientras repetía el guión técnico (pues, afortunadamente, el guión técnico original encontró su lugar adecuado, perdido entre las brumas del tiempo), busqué motivarme viendo películas y documentales de Orson Welles (De ver tanto Welles cogí mucho gusto por los contrapicados que tanto molestaban a mis actrices). Al fin y al cabo, la suya es una de las óperas primas más importantes de la historia del cine. Pero sobre todo lo que aprendí es a tener paciencia. Si en algunas películas de Welles habían pasado dos años entre un plano y el siguiente, se podría decir que a su estreno, Horror Vacui como proyecto era un quinceañero.

Encontramos a Rocío Torío y la incorporamos al proyecto. Y fue una suerte, porque es entusiasta y colaboradora. También lo es Alex, y a ambos hay mucho que agradecerles. Sin su concurso, no lo hubiera terminado. Ya sea por colaboración directa o simple insistencia motivadora, fueron cruciales en el proyecto. Además, Rocío es vital y entusiasta, lo cual viene muy bien, y Alex nunca pierde los nervios si yo no me lo propongo. Le tocó a Rocío el difícil papel de ser una Annie Hall de la época grunge, lo cual, personalmente, encontraba fantástico durante la redacción del guión.
 
Y si a Rocío le tocó ser Diane Keaton, Cristina Aguado, a mi juicio, lo bordó siendo nuestra Scarlett Johansson o nuestra Sharon Stone. De hecho, si no recuerdo mal, eso fue lo que le dije. Eso, y que tenía que tener un toque también a lo Sarah Connors. La incorporación de Cris fue otro logro de Rocío, y me satisfizo enormemente, porque estaba convencido de que sin decir una sola palabra quedaría convincente en su papel y que todo cuadraría. Era importante, porque normalmente quien hace avanzar la historia es el malo.

Por cierto, cuando digo Sarah Connors, me refiero a la Sarah Connors de Terminator 2. Y todo esto viene a colación de que, si originalmente Horror Vacui iba a ser rodado en los 90, nos pareció una buena idea darle un toque de aquellos entonces, sin tampoco encuadrarlo inequívocamente en ninguna época concreta. Era un pequeño homenaje al Horror Vacui que iba a ser y casi no fue, y pensamos que era una manera de darle algo más de miga. Y en ese punto, debo elogiar una vez más a nuestras chicas, que hicieron un gran trabajo de caracterización, y sobre todo, lo hicieron muy divertido. Actualmente soy el poseedor de una extensa colección de fotos de ropa femenina de aire retro, que me llegaba diariamente y a borbotones. Sólo la caracterización de Alex pudo rivalizar con la que hicieron nuestras damiselas.

Y una vez más, y esta vez con el rodaje ya comenzado, otra persona salió del reparto. Y a última hora, y gracias a Cris, apareció Miriam Idrissi, sin apenas tiempo de prepararse, para repetir la secuencia 3 y proseguir con el resto. Fue una aparición providencial para un papel que, sin ser especialmente gratificante, resolvió con mucho carácter. Personalmente, encuentro la participación de las tres chicas de lo mejor de Horror Vacui.

En lo concerniente al reparto masculino, sólo tenía claro que Alex iba a sustituir a otro Alejandro en su papel. Total, era mi ayudante de dirección y tenía que estar allí casi todo el rato. Ya puestos, que hiciera dos cosas a la vez. Durante toda mi vida he tenido que aguantar que me dijeran que soy bajito. Desde hacía tiempo yo respondía que no era posible que yo fuera bajito, porque en la rebajas, la ropa de mi talla es la primera que se acaba, y si mi talla es tan normal, será que es porque es el estándar. Ergo no soy bajito, serán los que son más altos que son precisamente eso, más altos.

Y cuento esto porque lo que sigue confirma mi teoría. Necesitábamos un actor que fuera más alto que los demás. Lo suficiente para que creara un contraste. Y costó, costó mucho hasta que liamos a Xabier Moreno. No hará ni una semana que una persona me decía que aún no se explicaba cómo conseguimos convencerle. Y no recuerdo que fuera muy difícil. Se lo preguntamos, dijo que si, que si queríamos él lo hacía. Volví a preguntarle si se veía capaz, y me dijo que si. Luego ya no me volvió a decir nada y simplemente, fue capaz.

A una semana de empezar el rodaje de la siguiente parte de Horror Vacui, falló otro actor. Comenzamos una nueva búsqueda, que culminaría después de mucho preguntar de una manera casual. En un doble concierto en un bar, se me acercó Rubén Martínez y me preguntó si yo estaba haciendo un corto, que le habían dicho que necesitaba un actor. Me puse de pie frente a él y, una vez comprobado que nuestra estatura era similar, le cité para el primer día de rodaje. Muy de agradecer (si no recuerdo mal a un primo de Xabi) haberlo encontrado, porque siendo el mas experimentado del grupo, nos permitió avanzar con bastante ligereza. No negaré que me suponía una cierta presión por tener más experiencia y por ser de los muy pocos participantes que no había tratado previamente al rodaje, pero fue muy sencillo y grato trabajar con él.
 
Y así terminó 2012 y empezó 2013. Bueno, no exactamente, porque seguía faltándonos un actor. Era una elección delicada para mí, porque era el encargado de dar vida al personaje que originalmente había escrito para interpretarlo yo, así pues, tenía una idea muy definida de cómo debía ser. Hubiera querido que fuera Dustin Hoffman, pero ya puestos a poner a alguien un tanto inverosímil a causa de la diferencia de edad con el resto del reparto, pensé, al igual que con Alex, que iba a tener que estar allí de todas formas, así que, tendría que hacer dos cosas a la vez.

Había empezado el proyecto con la edad perfecta para ser uno de los alumnos (e incluso, era uno de los mas jóvenes) y lo terminaba con edad como para haber sido el profesor. De hecho, asumía que mi papel iba a ser el de profesor. Pero como no fue así, quise confiar en Arturo Germán, que aparte de actor versado, es un amigo y, aunque él dice que no, a mi me parece que está muy simpático.

Y tirando de amigos, quise también recurrir a Lara Fernández para poner una voz en off. Igual que en el caso de Arturo, es poco papel para gente versada y dotada, y es mas, en el caso de Lara, siendo sólo una voz en off, el respetable se pierde mucho, porque además de una amiga y una buena actriz, es una chica muy guapa. Pero yo estoy dispuesto, si ellos quieren, a desfacer aqueste entuerto.

Para colmo de precariedad logística (De Horror Vacui lo único subvencionado por el ministerio, suponemos, es la luz del baño del instituto), varios fueron los días que acudimos a rodar sin saber quién iba a ser el cámara, para lo cual, en no pocas ocasiones, hubimos de fomentar el absentismo estudiantil o enredar a alguien a última hora y enseñarle a hacer claqueta (hubo quien cambió las secuencias por secciones, por ejemplo). A todos ellos estamos muy agradecidos. Y diré más. En las típicas ensoñaciones iniciales, a uno se le ocurre eso que en el Hollywood clásico era una rareza y que fue el título de una célebre biografía de Frank Capra, precisamente porque fue uno de los primeros en verlo. Y me estoy refiriendo a “el nombre encima del título”.
 
Cuando yo empecé a diseñar los carteles, etc., me asaltó la duda. Ya había leído alguna publicación aconsejando a los noveles que nunca pusieran en el cartel de un corto suyo “una película de zutano”, aunque ahora no recuerdo las razones. Supongo que si no eres conocido, al espectador le dirá más bien poco, porque tu nombre no es garante de que lo que van a ver sea merecedor de dedicarle tiempo. Una vez terminado y estrenado Horror Vacui, me veo obligado a hacer una reflexión. Si ya antes de empezar a rodar tuve que concienciarme de que, por mas que me esforzara, lo que yo llevaba quince años imaginándome no es lo que iba a ver, una vez arrancamos no sólo confirmé esa idea, si no que, además, empecé a tomar conciencia de que no necesariamente mi perspectiva era la mejor opción. Y en cierto modo, el que Horror Vacui no sea hoy en día exactamente igual a lo que yo había pensado, tiene su punto. Lo que yo imaginé ya lo he visto. Ahora puedo ver lo mismo, pero de otra forma.

Lo que trato de explicar con esto es que, por más que seas el director, guionista, actor, etc., como es mi caso. El resultado final depende de la relación de tantas cosas que aporta cada uno de los que trabajan en una producción, que no sé, me produce cierto sonrojo decir que esa película es mía, cuando yo veo que lo que ha hecho esta persona o esta otra ha sido tan importante para que yo vea Horror Vacui hoy en día.

Hubo un mediodía en el que Rocío se me acercó y me preguntó cómo iba la edición de Horror Vacui. Yo le respondí que bien, que demasiado bien y eso me escamaba, lo cual le sorprendió y me preguntó que cómo podía ser malo que fuera bien. “Porque la edición me gusta y me puedo tirar horas para hacer veinte segundos de vídeo. Si estoy tardando poco significa que o se me está escapando algo o lo estoy haciendo fatal”, eso fue lo que le respondí. Y acerté. La edición me apasiona y me estaba costando un mundo afrontarla, lo cual, en esos momentos, entiendo que en cierto modo fue beneficioso.

El formato de escritura de guión se supone que establece que cada página corresponde a un minuto, pero mi procesador de textos tenía un tipo de letra muy pequeña. Así pues, lo que yo estimaba un corto de veinticinco minutos, se fue hasta los treinta y cinco, cincuenta. Esto provocó que empezáramos a rodar en noviembre de 2012 y termináramos en marzo de 2013. Estaba tan saturado del rodaje que necesité distanciarme un poco de lo rodado para poder enfrentarlo debidamente. Hoy en día creo que fue una buena idea dejar que pasara un poco de tiempo. Sea como fuere, no mentí a los que dije que hasta el mismo día del estreno sería capaz de estar retocándolo, y que cuanto más tardara en producirse, mas lo retocaría.

Y el mencionado estreno se produjo un 21 de diciembre de 2013. El bar El Tío Molonio, bar de rancio abolengo en las tierras vallisoletanas, tuvo a bien cedernos el local para dicho estreno. Mi intención era sentarme en las escaleras para observar las caras del público como hacía Billy Wilder, pero al final me quedé de pie, aunque cerca de las escaleras. No os llaméis a engaño. No vamos a ver nuestra película. Nosotros ya la hemos visto, ya sabemos cómo es. Vamos a ver al público, a ver qué hace, y por eso para mi es un momento tan violento. Pero la noche fue grata, entre otras cosas, por volver a juntarte con mucha gente de esa que te apetece ver, y porque al fin, después de tanto tiempo, ya podía tachar Horror Vacui de la lista de asuntos pendientes.




El caso es que, a la par que sentía alivio por el estreno, sentía una cierta aprensión estúpida que sólo acertaba a ejemplificar equiparándolo con El retrato de Dorian Gray. Algo así como si me fuera a avejentar enormemente ahora que ya no tengo que hacer de adolescente, o como si fuera a desaparecer por haber terminado al fin Horror Vacui. Y tengo más guiones de aquella época que aun no he rodado. Aquí no se tira nada.


Hace poco más de un año, en un documental sobre Woody Allen, escuché que siempre está trabajando en una nueva película y que muchos sostienen que es su manera de defenderse de la anterior, como si dijera “bueno, esta no me ha quedado muy lograda pero ya veréis la siguiente”. Decidí aplicarme el cuento pensando que me haría mas soportable el exhibir Horror Vacui a partir de ahora, porque no deja de ser un sueño que me lleva acompañando durante toda mi edad adulta y ahora, de alguna manera, separarme de él, resulta emocionalmente complicado. Y evidentemente me gustaría que lo vierais, esa es la idea de hacerlo. Si nadie lo ve, es imposible que a nadie le diga nada de lo que yo quería decir cuando le empecé a dar forma, pero… Ha pasado el tiempo y seguirá pasando y cuanto mas pase y mas se proyecte, siento que será un poco mas vuestro y quizá un poco menos mío. Lo veré con vosotros, y lo veré marchar.

domingo, 20 de octubre de 2013

Agatha (1979) : The lady vanishes

Lo que me motiva a escribir este texto no es otra cosa que un error informático. Estaba escribiendo la crítica de esta película en Filmaffinity por considerar que la puntuación que le daban era injusta y, al enviar el texto, mi conexión se fue al garete y con ella lo escrito. Hube entonces de redactar algo un poco más breve por cuestiones de horario, pero me molestó dejar el texto un poco cojo y sobre todo, peor estructurado. Así pues, decidí desquitarme. Pero tengo que avisar de que para comentar la película no voy a evitar en modo alguno comentar todo aquello del argumento que considere oportuno, como en general, suelo hacer en estas páginas.

Agatha se basa en un episodio real en la vida de la célebre escritora de novelas de misterio, Agatha Christie. La autora de Asesinato en el Orient Express desapareció durante algo más de una semana, sin que se haya llegado a esclarecer jamás las razones ni qué hizo durante todo ese tiempo. Se adujo que había sufrido una pérdida de memoria, pero nadie creyó esa teoría. Su marido, el Coronel Archie Christie, le había confesado años atrás, coincidiendo con el fallecimiento de la madre de Agatha, que ya no la quería y que mantenía una aventura con Nancy Neele. Pese a esto, el matrimonio se reconcilió, pero esto no supuso el fin de la aventura extramatrimonial del Coronel Christie, y la misma mañana de la desaparición de la autora, tuvieron una fuerte discusión al respecto.


Desaparecidos: Agatha Christie




Bajo este planteamiento se inicia la película, alimentada por las muchas hipótesis que surgieron en torno a la desaparición de la creadora de Hercule Poirot o Miss Marple. Cabe pensar, por tanto, que una dramatización de la misteriosa desaparición de la autora de Asesinato en el campo de golf o La señora McGinty ha muerto, se fundamentaría en una investigación detectivesca. Si el espectador acude a esta película pensando en eso, sin duda se llevará una enorme decepción, porque si bien contiene sus ciertas dosis de intriga, no es ni por asomo lo más destacable de la trama.

En el papel de Agatha Christie tenemos a una excelente Vanessa Redgrave. De entrada, no podemos obviar que por su físico (sobre todo por su estatura) es una Agatha Christie un tanto improbable. Redgrave tiene un atractivo a años luz que el de la escritora, lo cual es un handicap si valoramos el realismo de la película. ¿Posiblemente si hubiéramos eliminado el detalle de que trata de la popular escritora y nos hubiéramos ceñido a adaptar los hechos, no hubiera habido problema alguno? Si, es muy probable. Pero siempre es controvertido juzgar una película basada en personajes reales. ¿Cuál es la postura acertada? ¿Juzgarla por su veracidad u obviarla en aras de lo artístico?
 
Según reza el viejo lema periodístico, “que la realidad no te estropee una buena historia”. No siempre se saca una historia enteramente redonda de la realidad, pero tampoco nadie te impide adaptar un suceso auténtico para crear un relato inventado. Ahí tenemos ejemplos de magníficas películas que se inspiraron en hechos reales, como Perdición de Billy Wilder, sin contar esos mismos hechos tal cual. Claro que, usar los personajes reales te puede poner en antecedente de una serie de datos sin que haya necesidad de incluirlos en la película, aunque está claro que en el momento del estreno de la película, con Agatha Christie recién fallecida, seguramente se conocían mas detalles de su vida que ahora, mas de treinta años después.

En resumidas cuentas, ¿cuál es la opción mas adecuada? Como sucede casi siempre en estas lides, posiblemente no haya una única opción más acertada que otra, habiendo varias más posibles. Es evidente la dificultad de valorar la película de una manera u otra sin calibrar la intencionalidad de sus responsables. Con eso tendremos que quedarnos.

Vanessa Redgrave, en cualquier caso, hace un papel excelente. Es un papel emocionalmente similar al que ya realizara en María, reina de Escocia. Igualmente se debate entre la fragilidad y la determinación por llevar a cabo su objetivo, si bien como María Estuardo se veía empujada por su honor y su sentido del deber, y en la cinta que tenemos entre manos no queda muy claro si es una obsesión un tanto enfermiza o una percepción extrema de la sumisión matrimonial tan propia de aquellos entonces. Pero es digna de elogio a capacidad expresiva de la que Redgrave hace gala tan solo con sus enormes ojos azules.

E igualmente que en María, reina de Escocia (película que encuentro muy recomendable, otra recreación magnífica), Timothy Dalton también ejerce de marido de Vanessa Redgrave con cierta propensión a hacerle la vida imposible. Lo cierto es que ya sólo por la caracterización, espléndida en todos los aspectos de la película, hay que destacar su concurso en la película.

El tercero en discordia es un Dustin Hoffman que ofrece el alto nivel habitual. Su personaje es lo que se podría llamar “el tipo listo” de la película. Consigue encontrar a Christie mucho antes que cualquier otra persona y se dedica a jugar con ella al gato y al ratón (o prácticamente realiza el mismo juego con el que Gila detuvo a Jack el destripador). Claro que… Su participación en la película tiene un pequeño problema. Si la estatura de Al Pacino el relación a la de Diane Keaton se consideró un problema, siendo Pacino un centímetro mas alto, la diferencia entre un Dustin Hoffman de metro sesenta y siete y de una Redgrave de metro ochenta, queda, en el momento del baile, casi cómica.

Aun así… Hoffman está tan bien, tan irónico, tan inteligente, tan mordaz y muestra una mirada tan viva, que no lo sacarías de ese papel, aunque si hubieras deseado que se hubieran usado nociones de perspectiva como en El señor de los anillos.

Hay una serie de momentos memorables entre ellos dos. Me gustaría señalar dos, porque me parecen estupendos homenajes, probablemente involuntarios, a clásicos del cine. Mientras Agatha Christie intenta manipular un aparato eléctrico (cuyos destellos iluminan de una manera increíble sus ojos), en la habitación de Dustin Hoffman se apaga la luz, lo cual no puedo evitar que me recuerde a Luz que agoniza de Mankiewitz, con la maravillosa Ingrid Bergman, Charles Boyer y Jospeh Cotten. El otro momento no debo revelarlo, pero se refiere a la rueda de prensa del Coronel Christie. En ese momento, Dustin Hoffman es muy deudor del Gregory Peck de cierta película de los sesenta en los que interpreta a un periodista.

Pero volvamos a los hechos. Como decía, la película es más que una dramatización  de un suceso real (de hecho, no he encontrado datos sobre la existencia del personaje de Dustin Hoffman) y establece una curiosa interrelación emocional entre sus personajes, que es lo más interesante de la película. Por un lado, tenemos quizá al personaje menos relevante, el Coronel Christie. Iniciamos el visionado del filme observando una copa que Agatha, devotamente, va a regalar a su marido, en la cual están grabando “Archie, amor mío. Amigo mío. Agatha”. Este regalo va a desatar la cólera de su marido, el cual se siente ahogado por su matrimonio. La ira del Coronel Christie llega hasta la crueldad, sabiendo sobre todo que está en conocimiento de su mujer no sólo que tiene una amante, si no quién es dicha amante.


Sin ser uno de los personajes mas relevantes, y cayendo inevitablemente mal, si es cierto que cabe pensar que para el Coronel Christie, a causa de su condición de alto cargo militar, estar a la sombra de la popular escritora debía serle bastante desagradable, cosa que podemos comprobar cuando el periodista Wally Stanton, con bastante mala leche, le espeta “un placer haber conocido por fin al marido de Agatha Christie” para añadir después a una chica del servicio “presente mis respetos a la dueña de la casa”.

La obsesión del Coronel Christie es que todo suceda con gran discreción, lo cual se convierte en una quimera cuando su esposa desaparece. Quizá ese ansia de mantener las formas obstaculiza de manera definitiva sus pretensiones, ya de por si complicadas. Lucha por despreciar sin aparentarlo en demasía, a una mujer que le sigue profesando una devoción francamente incomprensible.

Por su prominencia y su fama, cabría imaginar a una Agatha Christie que poco tiene que ver con lo que podemos ver. Si Archi Christie sufre por verse por debajo de su mujer, esta padece por intentar situarse tras de él en todo momento, en una extraña carrera por ver quién termina mas humillado en relación al otro. Su devoción y su fidelidad son cuanto menos curiosas. Habiendo entendido que es imposible una reconciliación que ya se intentó (cosa que sabemos si nos documentamos, no al ver el filme), al menos parece encontrar el consuelo en cumplir los mandatos nupciales de “hasta que la muerte los separe” y eso de “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”, en este caso, la señorita Nancy Neele.

Curiosamente, por momento (y esto es uno de lo detalles que mas me llamaron la atención argumentalmente de la película), dudas de hasta qué punto la actitud de Agatha Christie está determinada por el amor a su marido o por su condición de casada, pues parece patente que sus sentimientos amorosos hacia él han durado bastante menos que el respeto a la fidelidad conyugal, como parece evidenciar que no quiera acceder al romance con Stanton, pese a que la atracción es ya intensa.

Y claro, es evidente que hay un beso. Pero la auténtica “infidelidad”, por llamarlo de alguna manera, aparece con la asunción de que su matrimonio se ha terminado, que se va a divorciar y que accede a la pantomima que desea Archie Christie. Agatha nos informa de todo esto mientras decide hacerle la maleta a Wally Stanton, cual si fuera su esposa.



Esto puede sonar muy machista. Pero no podemos olvidar que son las costumbres de principios del siglo pasado, y para entender la película hay que asumir que esas eran las formas en la época independientemente de nuestro parecer. Es un tema importante en la película, como ya hemos destacado, cómo el rol de la mujer dentro del matrimonio va cambiando, pudiendo ser ella, dentro de la pareja, la que destaque, incluso aunque ella misma se resista a ser más prominente que su marido.

Vamos a decir algo negativo. Da la sensación de que la producción estadounidense obligaba a que el héroe fuera el americano. Nada que objetar a la gran interpretación de Dustin Hoffman haciendo de tipo listo que encuentra sin esfuerzo a la escritora que está buscando toda una nación, que en cierto modo la libera del yugo de las costumbres y la enamora. Un poco excesivamente heróico. Pero Hoffman cae bien, así que no parece tan agresivo como lo planteo aquí.


Todo esto y alguna otra cosa mas (que no es cuestión desvelar todos los misterios), fue magníficamente fotografíado por Vittorio Storaro, lo cual también es bastante destacable, y no sólo el bastante interesante guión. Porque sería muy raro elogiar una película y no terminar elogiando también la fotografía, pero es que en este caso lo encuentro plenamente justificado. Pero sobre todo, quiero terminar con una reflexión.


Todo esto sucede en, mas o menos, hora y media. Si no recuerdo mal, Fresas salvajes de Ingmar Bergman también dura en torno a hora y media. Hay películas de dos horas o incluso mas en las que no sucede ni una décima parte de lo que acontece en esas películas. Creo que como público deberíamos reflexionar un poco sobre nuestro concepto de velocidad. A lo mejor tenemos demasiado distorsionada la idea del ritmo. Ahí lo dejo.

viernes, 8 de febrero de 2013

Michael Caine, o la curiosa invisibilidad de lo ubicuo (Parte I)



Es posible que me haya excedido en el título, que suena demasiado grandilocuente para lo que realmente quería contar con este texto. Quizá por una cuestión generacional o quién sabe por qué, crecí con una enorme cantidad de apariciones de Michael Caine en las películas que aparecían a mi alrededor. Y como sabe todo aquel que haya tenido una carpeta en su época del instituto y amigas dispuestas a escribir en ella grandes verdades, parece que nunca valoras algo mientras lo tienes cerca. Así pues, lejos de querer hacer una elaborada tesis sobre la trayectoria, método, etc, del citado Michael Caine, voy a intentar rememorar las intervenciones del actor británico que haya podido contemplar en alguna ocasión, si la memoria me da para ello, claro.


ALFIE
Título original : Alfie
Año : 1966
Duración : 113 min.
Director : Lewis Gilbert
Guión : Bill Naughton
Reparto : Michael Caine, Shelley Winters, Millicent Martin, Julia Foster, Jane Asher, Shirley Anne Field, Vivien Merchant, Denholm Elliott, Alfie Bass, Graham Stark, Peter Graves

Casi la versión “amable” (sin serlo tampoco en demasía) de Sábado noche, domingo mañana (película seis años anterior con un excelente Albert Finney), ese tono un tanto mas intrascendente termina haciendo mas dura la película. Alfie habla a cámara, te da una cierta proximidad, y como todos los demás, te resulta un tipo simpático y te embauca. Pero el desarrollo de los hechos te muestra que es un caradura caprichoso y egoísta que esgrime hasta muy el final una insensibilidad preocupante. Son palabras mayores pero… Resultar tan simpático al público pese a lo repulsivo de tus actos en pantalla está a la altura de poca gente. Recordemos a Cary Grant, por ejemplo, muy capaz de convertir a criminales de distinta ralea en gente a la que invitarías a otra copa para echar un rato más con él. Por cierto, al estreno de Alfie  fue Paul McCartney como novio de una de las actrices, la pelirroja Jane Asher.

HISTORIAS PELIGROSAS
Título original : Pulp
Año : 1972
Duración : 95 min.
Director : Mike Hodges
Guión : Mike Hodges
Música : George Martin
Reparto : Michael Caine, Mickey Rooney, Lionel Stander, Lizabeth Scott, Nadia Cassini, Dennis Price, Al Lettieri

Un escritor de novela policíacas (su título original es Pulp) es reclamado para escribir la biografía de un hombre poderoso con una reputación y unas costumbres llenas de sospechas. Apenas llega a su destino, se ve involucrado en una trama con la que debe pelearse para no verse superado por ella. El esquema de la historia resulta bastante interesante, pero encontré la narración tan deslavazada que a partir de un determinado momento costaba seguir la película porque había dejado de interesarte. Pese al buen trabajo de Caine, esperaba que las apariciones de Mickey Rooney y de Lizabeth Scott (Magnífica en Callejón sin salida, con Humphrey Bogart) aportaran algo, pero ni con esas la película se sostiene mas allá de algún momento interesante y un par prometedores. George Martin, el mítico productor de los Beatles, se encargó de la banda sonora (si, los Beatles están en todas partes, por algo será).
  
LA HUELLA
Título original : Sleuth
Año :1972
Duración : 138 min.
Director : Joseph L. Mankiewicz
Guión : Anthony Shaffer
Reparto : Laurence Olivier, Michael Caine

Son casi dos horas compartiendo plano con Sir Laurence Olivier, y un Laurence Olivier ya mayor, que como dice el refrán, sabe más el diablo por viejo que por diablo. En esa especie de lucha generacional entre el senecto y el incipiente, ambos actores salen bastante mejor parados que sus personajes, pero replicar a un tótem del cine y el teatro y tocando registros bastante distintos dentro de la misma película (desde la intriga al humor) y salir del trance aunque sólo fuera de manera correcta, es como para permitirte mas de una palmada en el hombro y que se te hinche un tanto el pecho de orgullo. Añadir que la música es del célebre y televisivo John Addison, autor de la popular sintonía de Se ha escrito un crimen.
  
UN DETECTIVE CURIOSO
Título original : Peeper
Año : 1975
Duración : 87 min.
Director : Peter Hyams
Reparto : Michael Caine, Natalie Wood, Kitty Winn, Michael Constantine, Thayer David, Timothy Carey

Una parodia tan refinada de esas clásicas cintas de cine negro, que resulta una excelente revisión del género, aunque a Caine se le note quizá en exceso su flema británica. Quizá por ello cobre lo que cobra. Como detalle curioso, los créditos los cuenta un invitado especial que no voy a revelar, pero que es tremendamente apropiado.


CALIFORNIA SUITE
Título original : California suite
Año : 1978
Duración : 103 min.
Director : Herbert Ross
Guión : Neil Simon.
Reparto : Alan Alda, Jane Fonda, Maggie Smith, Michael Caine, Walter Matthau, Richard Pryor, Bill Cosby, Elaine May

En esta película de historias ligeramente relacionadas, basada en la obra de Neil Simon, tenemos una pareja de la que el cine británico puede sentirse tremendamente orgulloso, la formada por el señor Caine y la excelente Maggie Smith. El resto del reparto también tiene un nivel mas que notable, aunque para mi gusto, sólo Walter Matthau está tan bien como ellos. De hecho, dentro de esta comedia con tintes dramáticos, quizá la historia mas interesante, mas compleja y mejor llevada es la de Caine y Maggie Smith (Matthau está impresionante en la suya, aunque es sobre todo un pequeño divertimento cómico, igual que la protagonizada por Bill Cosby y Richard Pryor, mientras que Alan Alda y Jane Fonda presentan unos personajes muy carismáticos con un conflicto muy interesante, y quizá por ello la historia queda coja, parece inconclusa). Citar como curiosidad que Maggie Smith y su personaje están nominados al Oscar,pero sólo una de las dos lo consiguió.

EVASIÓN O VICTORIA
Título original : Victory
Año : 1981
Duración : 116 min.
Director : John Huston
Reparto : Sylvester Stallone, Michael Caine, Max von Sydow, Pelé, Ardiles, Daniel Massey, Bobby Moore

Que no te guste el fútbol es algo muy respetable, pero no una razón para desdeñar esta película de John Huston. Ojo a las historias en las que se inspiró (recomendamos para ello el documental de la BBC Fútbol y fascismo), verdaderamente dramáticas. La Alemania nazi pretende humillar futbolísticamente a Inglaterra y al resto de Europa enfrentándose a un combinado de desnutridos jugadores bajo la dirección de Michael Caine. Quizá la manera de resolver la película es difícilmente comprensible para un profano, sin embargo, pese a que no resulte realista, hay antecedentes en la realidad (y honremos así la memoria del gran jugador Matthias Sindelar, que celebró sus goles con la elástica austríaca frente al palco de Hitler). Tremenda la dignidad que desprende Caine durante toda la película, frente a los militares nazis con los que debe negociar. Uno ve reflejado en Michael Caine a esos Stanley Matthews, Matt Busby, Bobby Charlton o Bill Shankly.


LÍO EN RÍO
Título original : Blame it on Río
Año : 1984
Duración : 100 min.
Director : Stanley Donen
Reparto : Michael Caine, Demi Moore, Michelle Johnson, Valerie Harper, Joseph Bologna

Stanley Donen, simple y llanamente, es el director de Cantando bajo la lluvia y Charada. Si la 1ª es un mito del cine, la 2ª es casi una entelequia. Así pues, protagonizar la última película que dirigió este señor es algo que en un curriculum queda como para que otros actores tengan que cuadrarse ante ti. Caine vuelve a dirigirse directamente al público para contarnos con cierta ternura cómo le sobrepasan los acontecimientos a este entrañable calzonazos. Maravilloso el momento en el que cuenta la anécdota del intercambio de correspondencia con aquella novia. Por momentos me recordó a lo que años mas tarde sería Maridos y mujeres, de Woody Allen, y no es raro pensar que alguna incidencia tendría esta película en el genio de Brooklyn, porque no mucho después, incorporaría a Caine al reparto de una de sus películas mas memorables en un papel algo similar al de Lío en Río.



LOCA JUERGA TROPICAL
Título original : Water
Año : 1985
Duración : 115
Director : Dick Clement
Guión : Dick Clement, Ian La Frenais, Bill Persky
Música : Mike Moran
Reparto : Michael Caine, Valerie Perrine, Brenda Vaccaro, Leonard Rossiter, Billy Connolly, Alfred Molina, Dennis Dugan, Chris Tummings, Jimmie Walker, William Hootkins, Alan Shearman, Eric Clapton, George Harrison, Ringo Starr

Película poco conocida y reconocida, que se produjo al amparo de la Handmade Films que fundara el recordado George Harrison (los Beatles de nuevo) para sacar adelante esa obra magna que es La vida de Brian. A mi juicio muy injustamente, porque es una comedia delirante, divertida y con puntos tan extravagantes que merece la pena prestarle una cierta atención. La situación de partida, en esa isla caribeña, colonia británica, ya resulta de por si llamativa. Mejora la película según te vas introduciendo en la dinámica de la pequeña y peculiar población y hay hallazgos como el personaje de Bill Connolly. Caine ejerce de hilo conductor en medio de un pequeño pero maravilloso caos con número musical incluido que no hay que perderse. Mi recomendación es buscarla y acogerla, porque una película maltratada como esa luego puede revelarse como muy agradecida.

DULCE LIBERTAD
Título original : Sweet Liberty
Año : 1985
Duración : 107 min.
Director : Alan Alda
Guión : Alan Alda
Reparto : Alan Alda, Michelle Pfeiffer, Michael Caine, Lillian Gish, Bo Hoskins, Lise Hilboldt, Saul Rubinek, Lois Chiles, Linda Thorson

Alan Alda escribe y dirige esta comedia coral con un reparto excelente sobre un historiador cuya novela sobre un suceso producido en su pueblo sufre el desgraciado destino de estar a punto de convertirse en una película de Hollywood. Por el mentado pueblo, nada que ver con el previamente comentado de la película Water, desfilarán una serie de personajes que vienen a unirse a los habitantes del pequeño pueblo. Es una película amable y entretenida en la que Michael Caine no resulta nada amable, pero si entretenido. Su personaje tiene ciertos puntos en común con el que interpretará mas tarde en Sin pistas, un actor vanidoso y con motivaciones poco virtuosas aunque si muy exacerbadas. No es un clásico, pero si una película que se deja ver, buen ejemplo del cine de su época pero sobre todo, una forma estupenda de disfrutar de actores tan estupendos como el propio Caine, Alda, Michelle Pfeiffer o el desaparecido Bo Hoskins.



HANNAH Y SUS HERMANAS
Título original : Hannah and her sisters
Año : 1986
Duración : 106 min.
Director :  Woody Allen
Reparto : Woody Allen, Mia Farrow, Michael Caine, Barbara Hershey, Dianne Wiest, Max von Sydow, Carrie Fisher, Lloyd Nolan, Maureen O'Sullivan, Sam Waterston, Daniel Stern

Si Mankiewicz, John Huston o Stanley Donen no eran ya demasiados, aquí Caine se pone a las órdenes de uno de los directores mas geniales que ha dado la historia del cine (y esto, vuelvo a dejar claro, como todo el resto de lo aquí escrito, es criterio propio). El personaje que aquí interpreta Caine vuelve a ser un hombre maduro superado por las circunstancias de sus propios instintos. Una comedia coral en la que el reparto entero hace una gran labor.


Aquí debo hacer un pequeño receso, pues me he extendido considerablemente y aún no he llegado más allá de la década de los 80. Pero a bote pronto, en una revisión de sus trabajos (que no supera ni el diez por ciento del total) nos encontramos géneros bien distintos (incluso enfoques muy diferentes del mismo género) y figuras con enorme trascendencia dentro de la historia del cine. 

Quizá Caine no tenga la enormidad de recursos de gente como Robert de Niro o Al Pacino, pero dentro de su cierta economía expresiva, posee a mi juicio una cualidad que lo hace único dentro de los ámbitos en los que ha desarrollado su carrera, y es la capacidad (muy propia de los actores del cine clásico) de llevarse a los personajes a su terreno, y en ese terreno su elegancia y su tablas siempre los dotan de ese carisma que hace que se congracien inmediatamente con el espectador. Muy probablemente eso ha jugado muy a su favor creando esa sensación indisoluble que te lleva a relacionar su nombre con la idea de que si aparece, la película no debe estar mal. El señor Michael Caine es un arma poderosa.